‡†‡Sumomo‡†‡
09-May-2005, 22:04
Déjame perderme en lo extenso de éste tiempo.
Tan sublime y breve se me ha vuelto;
pero tan sutil, junto al firmamento....
Es en aquel momento de la noche...
donde se funden las sombras con la penumbra.
Y la duda que nace en mi boca, se deshizo tenue
del cálido hálito que exhaló el firmamento y teme,
antes, que se fuese la subrepticia luna...
El insidioso trecho que confunde mi alma,
Quemó mis alas, o quizás siempre fueron llamas...
Sonrojado tu semblante, bochornosa tu cándida mirada...
Se extienden errantes en mi precipitado vuelo hacia ti.
Tu sombrío avieso se oculta en esa cerrazón súbita,
En la misma oscuridad a una vehemente ángel sale a cazar,
Pero pronto apenas la tiene presa de su fiebre inconsciente,
Se da cuenta de su cruel y exquisito alborozo ardid,
Y deja tendida en silencio a la durmiente cautiva
De un amor irrevocablemente permisible sin fin.
Su locura lúgubre tiñe casualmente su piel
Desde un rojizo atardecer en sus ojos, hasta aquel
Azulado sutil de sus labios carmesí.
Su adversario sedicioso parece ser el altivo mar,
Quien antes asedió a la discreta hurís
En su cauce bajo y profundo en la tempestad,
Que mantuvieron desde su secreta apertura
Hasta donde sus olas orillaron su figura,
Violentamente de sus olas, cubiertos de inquietud.
Es que el océano orgulloso la alcanzó
Secuestrándola del escarnecido sol;
Arribó sus altas olas hasta la columna
Donde yacía tendida la silenciosa niña.
Entonces cuando éste se enteró, de tan alto pedestal
La luna osó saltar, y en el regazo del mar cayó,
Y con aquel tempestuoso indolente se disolvió.
Pero receloso y orgulloso se volvió de ella,
Viéndose sumergida en una confusión abrupta.
Luego esperó un instante propicio, y huyó.
Posteriormente el viento la llevó
A un bosquejo de tapiadas raíces negras
De noche y sonrojado semblante de albor.
Era el cielo constelado, y pronto en él,
Eternamente la luna inclinada se quedó.
Tan sublime y breve se me ha vuelto;
pero tan sutil, junto al firmamento....
Es en aquel momento de la noche...
donde se funden las sombras con la penumbra.
Y la duda que nace en mi boca, se deshizo tenue
del cálido hálito que exhaló el firmamento y teme,
antes, que se fuese la subrepticia luna...
El insidioso trecho que confunde mi alma,
Quemó mis alas, o quizás siempre fueron llamas...
Sonrojado tu semblante, bochornosa tu cándida mirada...
Se extienden errantes en mi precipitado vuelo hacia ti.
Tu sombrío avieso se oculta en esa cerrazón súbita,
En la misma oscuridad a una vehemente ángel sale a cazar,
Pero pronto apenas la tiene presa de su fiebre inconsciente,
Se da cuenta de su cruel y exquisito alborozo ardid,
Y deja tendida en silencio a la durmiente cautiva
De un amor irrevocablemente permisible sin fin.
Su locura lúgubre tiñe casualmente su piel
Desde un rojizo atardecer en sus ojos, hasta aquel
Azulado sutil de sus labios carmesí.
Su adversario sedicioso parece ser el altivo mar,
Quien antes asedió a la discreta hurís
En su cauce bajo y profundo en la tempestad,
Que mantuvieron desde su secreta apertura
Hasta donde sus olas orillaron su figura,
Violentamente de sus olas, cubiertos de inquietud.
Es que el océano orgulloso la alcanzó
Secuestrándola del escarnecido sol;
Arribó sus altas olas hasta la columna
Donde yacía tendida la silenciosa niña.
Entonces cuando éste se enteró, de tan alto pedestal
La luna osó saltar, y en el regazo del mar cayó,
Y con aquel tempestuoso indolente se disolvió.
Pero receloso y orgulloso se volvió de ella,
Viéndose sumergida en una confusión abrupta.
Luego esperó un instante propicio, y huyó.
Posteriormente el viento la llevó
A un bosquejo de tapiadas raíces negras
De noche y sonrojado semblante de albor.
Era el cielo constelado, y pronto en él,
Eternamente la luna inclinada se quedó.