Tony
02-02-2005, 10:37 AM
¿Estás en problemas?
Conoce la fórmula para dominar tus problemas y salir de ellos con éxito
Exámenes, amigos, fiestas, trabajo, galanes, novia… es como si el mundo se te viniera encima y no hubiera modo de que encuentrar salida a tantos pendientes. Por si fuera poco, tu papá está sin trabajo y tu mamá está enferma.
Parece imposible que en medio de tantas preocupaciones y contratiempos, podamos conservar la serenidad para resolver todo sin caer en la desesperación ni afectar a los demás con nuestra impaciencia.
El valor de la serenidad nos hace mantener un estado de ánimo apacible y sosegado aun en esas broncas que parecen salidas de una película de terror, sin exaltarnos ni deprimirnos, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.
Cuando las dificultades son del tamaño del tsunami, fácilmente podemos caer en la desesperación, sentirnos tristes, irritables, desganados y muchas veces en un callejón sin salida. A simple vista el valor de la serenidad podría dejarse sólo para las personas que tienen pocos problemas, en realidad todos los tenemos, la diferencia radica en la manera de afrontarlos.
Para conocer mejor la importancia de la serenidad, checa algunos puntos que impiden lograr desarrollar este valor con eficacia:
- No podemos abandonar nuestras ocupaciones habituales y escaparnos a algún lugar lejano para meditar con tranquilidad; dejarnos arrastrar por la tristeza; trabajar con menos intensidad, o esperar a que alguien tome nuestro problema en sus manos y lo resuelva.
- Toda dificultad se ve más difícil y más grave que las anteriores (máxime si en el momento se agrega a otras que ya tenemos).
- Nos empeñamos en encontrar la solución casi de manera simultánea al surgimiento del problema, algunas veces se da, pero no siempre. Por lo general toda situación requiere un consejo o un análisis profundo y detenido.
La serenidad no se da con el simple deseo, si así fuera, no tendríamos tiempo de sentirnos intranquilos o desesperados. Usualmente reaccionamos y actuamos por impulsos, y dejamos de usar la cabeza, privando a nuestra inteligencia de conocer y revisar todos los ángulos del problema. Estas son cuatro ideas básicas para conservar la calma en momentos de crisis:
- Evitar “encerrarse” en uno mismo: Encontramos mejores soluciones cuando buscamos el apoyo y el consejo de quienes gozan de nuestra confianza, porque sabemos de antemano que su opinión sera siempre sensata.
- Concentrarse en una labor o actividad: Parece contradictorio pensar en mantener la atención rodeados de tanta tensión y preocupación, pero es posible salir de ese estado si nos ocupamos. Lo que necesitamos es liberar nuestra mente, salir del círculo vicioso y estar en condiciones de analizar las cosas con calma. No existe mejor distracción que el propio trabajo.
- Gozar de la felicidad ajena: Normalmente las personas que nos rodean se percatan de nuestro estado de ánimo. ¿Por qué volvernos chocantes y agresivos?
- Cuidarnos físicamente: Parece elemental y obvia esta observación, pero hay personas que se sienten afectadas de tal modo que dejan de comer, dormir, asearse… cuando están preocupados. Todos sabemos que las personas se vuelven más irritables ante la falta de alimento y descanso, por lo tanto, este descuido no ayuda mucho que digamos.
La serenidad nos hace más dueños de nuestras emociones y nos da fortaleza no sólo para dominarnos, sino para soportar y afrontar los problemas sin afectar el trato con los demás.
Conoce la fórmula para dominar tus problemas y salir de ellos con éxito
Exámenes, amigos, fiestas, trabajo, galanes, novia… es como si el mundo se te viniera encima y no hubiera modo de que encuentrar salida a tantos pendientes. Por si fuera poco, tu papá está sin trabajo y tu mamá está enferma.
Parece imposible que en medio de tantas preocupaciones y contratiempos, podamos conservar la serenidad para resolver todo sin caer en la desesperación ni afectar a los demás con nuestra impaciencia.
El valor de la serenidad nos hace mantener un estado de ánimo apacible y sosegado aun en esas broncas que parecen salidas de una película de terror, sin exaltarnos ni deprimirnos, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.
Cuando las dificultades son del tamaño del tsunami, fácilmente podemos caer en la desesperación, sentirnos tristes, irritables, desganados y muchas veces en un callejón sin salida. A simple vista el valor de la serenidad podría dejarse sólo para las personas que tienen pocos problemas, en realidad todos los tenemos, la diferencia radica en la manera de afrontarlos.
Para conocer mejor la importancia de la serenidad, checa algunos puntos que impiden lograr desarrollar este valor con eficacia:
- No podemos abandonar nuestras ocupaciones habituales y escaparnos a algún lugar lejano para meditar con tranquilidad; dejarnos arrastrar por la tristeza; trabajar con menos intensidad, o esperar a que alguien tome nuestro problema en sus manos y lo resuelva.
- Toda dificultad se ve más difícil y más grave que las anteriores (máxime si en el momento se agrega a otras que ya tenemos).
- Nos empeñamos en encontrar la solución casi de manera simultánea al surgimiento del problema, algunas veces se da, pero no siempre. Por lo general toda situación requiere un consejo o un análisis profundo y detenido.
La serenidad no se da con el simple deseo, si así fuera, no tendríamos tiempo de sentirnos intranquilos o desesperados. Usualmente reaccionamos y actuamos por impulsos, y dejamos de usar la cabeza, privando a nuestra inteligencia de conocer y revisar todos los ángulos del problema. Estas son cuatro ideas básicas para conservar la calma en momentos de crisis:
- Evitar “encerrarse” en uno mismo: Encontramos mejores soluciones cuando buscamos el apoyo y el consejo de quienes gozan de nuestra confianza, porque sabemos de antemano que su opinión sera siempre sensata.
- Concentrarse en una labor o actividad: Parece contradictorio pensar en mantener la atención rodeados de tanta tensión y preocupación, pero es posible salir de ese estado si nos ocupamos. Lo que necesitamos es liberar nuestra mente, salir del círculo vicioso y estar en condiciones de analizar las cosas con calma. No existe mejor distracción que el propio trabajo.
- Gozar de la felicidad ajena: Normalmente las personas que nos rodean se percatan de nuestro estado de ánimo. ¿Por qué volvernos chocantes y agresivos?
- Cuidarnos físicamente: Parece elemental y obvia esta observación, pero hay personas que se sienten afectadas de tal modo que dejan de comer, dormir, asearse… cuando están preocupados. Todos sabemos que las personas se vuelven más irritables ante la falta de alimento y descanso, por lo tanto, este descuido no ayuda mucho que digamos.
La serenidad nos hace más dueños de nuestras emociones y nos da fortaleza no sólo para dominarnos, sino para soportar y afrontar los problemas sin afectar el trato con los demás.