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Tony
01-May-2008, 21:05
EL AMOR NO ESPERA

Había una vez un viejito que estaba enfermo y cansado. El tenía cuatro
hijos, y de ninguno de ellos recibía la menor atención.

Vivía en una abundante pobreza. A duras penas lograba sobrevivir. En
su pequeñísima granja deambulaban unas cuantas gallinas flacas, que
exitían casi de milagro, y por lo menos, no dejaban de poner un par de
huevos diariamente. El resto de la dieta que el viejito consumía, eran
unas cuantas frutas silvestres que cada día le costaba mucho esfuerzo
recolectar.

Un día, buscando entre sus escasas pertenencias, encontró dos monedas de
plata y se le ocurrió una genial idea. En el pueblo las intercambió con
un mercader de artículos antiguos quien le dió un viejo baul.

Como pudo, se las arregló y lo trasladó a su casa. Una vez en ella, lo
dejó a la vista en el centro de su humilde choza. Por casualidad uno de
sus hijos lo visitó e intrigado le preguntó: "¿Qué guardas ahi?" -"Un
secreto", le contestó, "que solamente conocerán tú y tus hermanos el día
en que me muera, pues ahí está toda mi herencia". Al día siguiente lo
enterró debajo de su lecho.

Cual fue su sorpresa que a partir de entonces, un hijo al menos lo
visitaba durante el día. Le llevaban leche y miel, y entre los cuatros
hijos le mantenían su choza bastante limpia.

Un día al viejo se le detuvo el tiempo muriendo en su granja. De
inmediato los hijos se dieron cita, no tanto para velarlo, por supuesto,
sino para ver a cuanto ascendía su herencia.

Y cual fue su sorpresa que una vez desenterrado y abierto el cofre, lo
único que encontraron fue un trozo de papel que decía de su puño y
letra, un poco torcida y temblorosa: "Hijos míos: el auténtico amor no
espera, se entrega generosamente sin esperar recompensa. Mi única
herencia es que aprendan a amar; hubiera deseado dejarles más, pero mi
único legado es darles las gracias por lo que me dieron en vida."

Los cuatro hermanos al fin comprendieron que un buen padre puede dar la
vida por sus hijos, pero algunos no entregan nada en vida a sus padres.
En profunda reflexión y con lágrimas en los ojos, le dieron finalmente
una digna sepultura, y uno de ellos, cuando arrojó el último puñado de
tierra, le despidió diciendo: "TE PROMETO AMAR SIN ESPERAR, AMEN".