Yami Bakura
06-Mar-2008, 14:34
No es raro que los padres de hijos adolescentes se quejen de que ya no conocen a sus hijos, no saben cómo tratarlos y, lo que es peor aún, no los entienden y sus actitudes les desquician. Para poder de alguna manera buscar un acercamiento con los chicos en esta etapa de sus vidas conviene recordar que se trata de un período de grandes cambios, tanto en lo físico como en sus estados de ánimo y su sensibilidad y que ni ellos mismos saben cómo manejarlos. Se sienten abrumados por sus nuevas tendencias instintivas pero no tienen la capacidad para razonarlas ni el equilibrio y la asertividad necesarios para afrontar con madurez lo que están experimentando.
Empiezan por querer construir su propio mundo y por ello rechazan hasta los valores recibidos en el seno familiar y buscan nuevas amistades, adquiriendo una actitud de rebeldía y de crítica hacia todos y hacia todo lo que huele a ‘adulto’, en su búsqueda desesperada por encontrar identidad y autoafirmación.
Los y las adolescentes se tornan coléricos, flemáticos, obsesivos y aunque parezca contradictorio, sumamente inseguros frente al futuro y es por eso justamente que en esta etapa es cuando los hijos necesitan mayor afecto de sus padres, a pesar de que con sus actitudes parecería que los rechazan o les ignoran.
Estos cambios súbitos de ánimo los lleva del llanto a la risa, sus reacciones son exageradas. Chicos y chicas buscan el afecto, la amistad íntima y son sus amigos lo más importante en sus vidas. La adolescencia es esencialmente una etapa que marca el proceso de transformación del niño en adulto, un período de transición que tiene características muy peculiares. En la búsqueda de su identidad y en el proceso de configurar su personalidad, los adolescentes y sus padres entran en crisis.
Es por eso que padres e hijos adolescentes perciben estos años como una etapa tormentosa y emocionalmente agresiva, plagada de enfrentamientos.
Los padres se sienten desconcertados, no saben qué pasó con la niña dulce y tranquila que hasta hace pocos meses atrás se comportaba como un angelito y ahora ha decidido probar toda la paciencia paterna y materna a través de una conducta incomprensible, por decirlo menos. Tampoco comprenden al chico que solía ser un gran estudiante, muy tranquilo, siempre pidiendo permiso para todo y que ahora se ha dejado crecer una melena horrible, saca malas notas y parece haber perdido totalmente la facultad de comunicarse, dialogar, pues contesta a todas sus preguntas con gruñidos incomprensibles.
En un estudio realizado entre los alumnos y padres de familia de un colegio y en el que se preguntó a los padres si consideraban buena la comunicación con sus hijos, casi todos dijeron que sí, sin embargo, al hacer la misma pregunta a los chicos la mayoría respondió que no era buena. Y si algunos decían que era buena, de inmediato añadían “pero no me escuchan ni se interesan por mis cosas, es buena pero no tienen tiempo para mi, no puedo hablar a solas con ellos y todo lo que digo lo consideran sin importancia”. Pareciera entonces que cuando los hijos llegan a la adolescencia la comunicación con sus padres y con el mundo adulto en general se corta y, claro, no se puede educar si no hay comunicación.
¿Qué deben hacer los padres?
Si estamos de acuerdo en que la adolescencia es el momento de nuestra vida en que comenzamos a aprender lo que es el mundo que nos rodea a encontrarnos como parte integrante de ese mundo, entonces concordaremos en que este aprendizaje implica el intentar nuevas experiencias, algunas de las cuales pueden ser arriesgadas y hasta peligrosas.
Lo que en realidad sucede es que los chicos y las chicas están tratando de probarse a sí mismos y por lo general, lo hacen a través de sensaciones extremas en la música, el deporte, las tendencias del momento en modas y comportamientos que los adultos consideran absurdos.
Es por eso que se producen las primeras experiencias de los adolescentes con la bebida, las drogas, fumar, hacerse piercings y tatuajes, generalmente en compañía de otros y haciendo caso omiso de las advertencias de los adultos.
¿Qué pueden entonces hacer los padres para ayudar a que sus hijos pasen por esa etapa de “transición” y salgan airosos de ella, se renueven y crezcan, maduren y aprendan y evitar que los excesos los puedan llevar a un proceso de deterioro del que salgan desilusionados, heridos, quizás de por vida?
Lo más importante de todo es la voluntad de apoyo y comprensión. Pueden, además, orientarlos para que aprendan y saquen provecho de sus errores y, en lugar de someterlos a interrogatorios policíacos que no llevan a nada provechoso, hablar con ellos, darles confianza y hacerles analizar por qué hicieron o dejaron de hacer tal o cual cosa y si convenía o no. En vez de darles “recetas’ mágicas, permítales asumir sus responsabilidades dejarlos resolver la situación creada por ellos mismos, hacerles ver las consecuencias de su comportamiento.
Jamás forzarlos a que hagan las cosas “a mi manera”, es decir a la manera de los padres y en lugar de intentar convencerlos darles la oportunidad para que juzguen y experimenten por sí mismos en temas como el vestuario, las amistades, etc.
Algo sumamente importante que los padres no pueden descuidar cuando intentan ayudar a sus hijos adolescentes a entenderse a sí mismos, es que descubran valiosos que son como personas y que tal valor proviene de lo que intrínsecamente son y de lo que llevan puesto o lo que tienen. Los padres deben permitir que sus hijos adolescentes tengan la oportunidad de vivir sus propias experiencias en situaciones que pudieran implicar algún tipo de riesgo, por ejemplo, el manejo del dinero, la conducción de un automóvil, un viaje por su propia cuenta.
Todo lo anterior es muy importante, pero más importante aún es establecer para los hijos en el hogar y fuera de éste, reglas claras del juego para que sepan a qué atenerse y vayan formando su criterio.
Los límites deben ser claros y razonados, no impuestos, para que desarrollen seguridad en ellos y confianza en los demás.
Ningún padre de familia puede sentirse garantizado de que sus hijos adolescentes crecerán y llegarán a ser adultos responsables y hábiles. Sin embargo, su influencia sobre sus hijos en esta etapa de sus vidas es inmensa. Si bien un día tienen ganas de gritar hasta el cansancio porque su hijo ha dejado sus viejos y sucios zapatos en medio de la sala y su hija ha aparecido en casa con otro arete más en una oreja en la que ya tiene cinco de ellos, tiene que calmarse, contar hasta diez y recordar que es sumamente importante mantenerse involucrado en. el quehacer diario de sus hijos.
Y, cuando ya está listo a rendirse frente a la frustración es cuando más firmeza necesita para seguir con su misión; sacar adelante a sus jóvenes hijos.
Para poder hacerlo, tendrá que aprender todo sobre el mundo fascinante, confundido y maravilloso de quienes se encuentran entre los 10 y los 14 años en adelante.
Como dijera una maestra de secundaria ‘los primeros años de la adolescencia nunca son insípidos, nunca son aburridos”, es decir, los padres y adultos deben estar preparados para todo, incluyendo lo inimaginable.
Es tarea de los padres entonces seguir sintonizado al mundo de su adolescente y no dejar de disfrutar de esta etapa especial de su vida.
P.D. Cuentenme como es su relación con sus padres?, porque la mia es buena(pero no perfecta) pienso que podria mejorar...lástima que son muy obstinados u_u
En muchas partes de este post se ve la actitud de nuestros padres, en mi caso es el hecho de que no me escuchan ni se interesan por mis cosas (dicen que lo que hago es una perdida de tiempo), y todo lo que digo lo consideran sin importancia.
Me gustaria q mis padres hubieran tomado la actitud de este post, ...lastima que no lo han hecho!
Empiezan por querer construir su propio mundo y por ello rechazan hasta los valores recibidos en el seno familiar y buscan nuevas amistades, adquiriendo una actitud de rebeldía y de crítica hacia todos y hacia todo lo que huele a ‘adulto’, en su búsqueda desesperada por encontrar identidad y autoafirmación.
Los y las adolescentes se tornan coléricos, flemáticos, obsesivos y aunque parezca contradictorio, sumamente inseguros frente al futuro y es por eso justamente que en esta etapa es cuando los hijos necesitan mayor afecto de sus padres, a pesar de que con sus actitudes parecería que los rechazan o les ignoran.
Estos cambios súbitos de ánimo los lleva del llanto a la risa, sus reacciones son exageradas. Chicos y chicas buscan el afecto, la amistad íntima y son sus amigos lo más importante en sus vidas. La adolescencia es esencialmente una etapa que marca el proceso de transformación del niño en adulto, un período de transición que tiene características muy peculiares. En la búsqueda de su identidad y en el proceso de configurar su personalidad, los adolescentes y sus padres entran en crisis.
Es por eso que padres e hijos adolescentes perciben estos años como una etapa tormentosa y emocionalmente agresiva, plagada de enfrentamientos.
Los padres se sienten desconcertados, no saben qué pasó con la niña dulce y tranquila que hasta hace pocos meses atrás se comportaba como un angelito y ahora ha decidido probar toda la paciencia paterna y materna a través de una conducta incomprensible, por decirlo menos. Tampoco comprenden al chico que solía ser un gran estudiante, muy tranquilo, siempre pidiendo permiso para todo y que ahora se ha dejado crecer una melena horrible, saca malas notas y parece haber perdido totalmente la facultad de comunicarse, dialogar, pues contesta a todas sus preguntas con gruñidos incomprensibles.
En un estudio realizado entre los alumnos y padres de familia de un colegio y en el que se preguntó a los padres si consideraban buena la comunicación con sus hijos, casi todos dijeron que sí, sin embargo, al hacer la misma pregunta a los chicos la mayoría respondió que no era buena. Y si algunos decían que era buena, de inmediato añadían “pero no me escuchan ni se interesan por mis cosas, es buena pero no tienen tiempo para mi, no puedo hablar a solas con ellos y todo lo que digo lo consideran sin importancia”. Pareciera entonces que cuando los hijos llegan a la adolescencia la comunicación con sus padres y con el mundo adulto en general se corta y, claro, no se puede educar si no hay comunicación.
¿Qué deben hacer los padres?
Si estamos de acuerdo en que la adolescencia es el momento de nuestra vida en que comenzamos a aprender lo que es el mundo que nos rodea a encontrarnos como parte integrante de ese mundo, entonces concordaremos en que este aprendizaje implica el intentar nuevas experiencias, algunas de las cuales pueden ser arriesgadas y hasta peligrosas.
Lo que en realidad sucede es que los chicos y las chicas están tratando de probarse a sí mismos y por lo general, lo hacen a través de sensaciones extremas en la música, el deporte, las tendencias del momento en modas y comportamientos que los adultos consideran absurdos.
Es por eso que se producen las primeras experiencias de los adolescentes con la bebida, las drogas, fumar, hacerse piercings y tatuajes, generalmente en compañía de otros y haciendo caso omiso de las advertencias de los adultos.
¿Qué pueden entonces hacer los padres para ayudar a que sus hijos pasen por esa etapa de “transición” y salgan airosos de ella, se renueven y crezcan, maduren y aprendan y evitar que los excesos los puedan llevar a un proceso de deterioro del que salgan desilusionados, heridos, quizás de por vida?
Lo más importante de todo es la voluntad de apoyo y comprensión. Pueden, además, orientarlos para que aprendan y saquen provecho de sus errores y, en lugar de someterlos a interrogatorios policíacos que no llevan a nada provechoso, hablar con ellos, darles confianza y hacerles analizar por qué hicieron o dejaron de hacer tal o cual cosa y si convenía o no. En vez de darles “recetas’ mágicas, permítales asumir sus responsabilidades dejarlos resolver la situación creada por ellos mismos, hacerles ver las consecuencias de su comportamiento.
Jamás forzarlos a que hagan las cosas “a mi manera”, es decir a la manera de los padres y en lugar de intentar convencerlos darles la oportunidad para que juzguen y experimenten por sí mismos en temas como el vestuario, las amistades, etc.
Algo sumamente importante que los padres no pueden descuidar cuando intentan ayudar a sus hijos adolescentes a entenderse a sí mismos, es que descubran valiosos que son como personas y que tal valor proviene de lo que intrínsecamente son y de lo que llevan puesto o lo que tienen. Los padres deben permitir que sus hijos adolescentes tengan la oportunidad de vivir sus propias experiencias en situaciones que pudieran implicar algún tipo de riesgo, por ejemplo, el manejo del dinero, la conducción de un automóvil, un viaje por su propia cuenta.
Todo lo anterior es muy importante, pero más importante aún es establecer para los hijos en el hogar y fuera de éste, reglas claras del juego para que sepan a qué atenerse y vayan formando su criterio.
Los límites deben ser claros y razonados, no impuestos, para que desarrollen seguridad en ellos y confianza en los demás.
Ningún padre de familia puede sentirse garantizado de que sus hijos adolescentes crecerán y llegarán a ser adultos responsables y hábiles. Sin embargo, su influencia sobre sus hijos en esta etapa de sus vidas es inmensa. Si bien un día tienen ganas de gritar hasta el cansancio porque su hijo ha dejado sus viejos y sucios zapatos en medio de la sala y su hija ha aparecido en casa con otro arete más en una oreja en la que ya tiene cinco de ellos, tiene que calmarse, contar hasta diez y recordar que es sumamente importante mantenerse involucrado en. el quehacer diario de sus hijos.
Y, cuando ya está listo a rendirse frente a la frustración es cuando más firmeza necesita para seguir con su misión; sacar adelante a sus jóvenes hijos.
Para poder hacerlo, tendrá que aprender todo sobre el mundo fascinante, confundido y maravilloso de quienes se encuentran entre los 10 y los 14 años en adelante.
Como dijera una maestra de secundaria ‘los primeros años de la adolescencia nunca son insípidos, nunca son aburridos”, es decir, los padres y adultos deben estar preparados para todo, incluyendo lo inimaginable.
Es tarea de los padres entonces seguir sintonizado al mundo de su adolescente y no dejar de disfrutar de esta etapa especial de su vida.
P.D. Cuentenme como es su relación con sus padres?, porque la mia es buena(pero no perfecta) pienso que podria mejorar...lástima que son muy obstinados u_u
En muchas partes de este post se ve la actitud de nuestros padres, en mi caso es el hecho de que no me escuchan ni se interesan por mis cosas (dicen que lo que hago es una perdida de tiempo), y todo lo que digo lo consideran sin importancia.
Me gustaria q mis padres hubieran tomado la actitud de este post, ...lastima que no lo han hecho!