sailor smack down
26-10-2007, 11:40 PM
Este caso fue presenciado y protagonizado por UN AMIGO y su novia Silvia en el año de 1998. En ese entonces, tenia un auto Renault R5 el cual se calentaba constantemente.
Una noche, como a las 21 hrs., el auto se calentó y se detuvo en una solitaria calle que se encuentra entre la Ave. Mixcoac y Barranca del Muerto, al sur de la Ciudad de México. Alfredo se bajo del auto y le dijo a su novia que lo esperara un poco, que iba a pedir ayuda... Justo frente al lugar donde estaban, había una casa con la fachada muy particular, pues se veía muy antigua y tenia en la parte superior, unas ventanas redondas, en forma de “boyas”, como las que tienen los barcos. Al lado había una tienda de abarrotes con un letrero metálico de “Pepsi” y justo enfrente, había un taller mecánico con la palabra “Bardahl” pintada en el portón negro.
En la puerta se encontraba una anciana (cosa rara porque la calle estaba obscura), quien le pregunto si necesitaba algo y Alfredo le dijo que solo un poco de agua para el radiador del auto. La anciana lo hizo pasar y en la sala, logro ver a 3 personas mas, agachadas sobre una mesa, como jugando cartas: Un viejo, una mujer joven y una niña, quienes extrañamente nunca voltearon a verlo o saludarlo... Acompañado de la anciana caminaron hasta la cocina y ahí lleno un recipiente con agua. De regreso, se despidió de las personas que jugaban, pero tampoco le hicieron caso, de hecho, seguían en la misma posición, como si nunca se hubieran movido.
Cuando regreso con Silvia, la encontró molesta y preocupada, pues dijo que se había tardado casi una hora... Pero curiosamente en el reloj de Alfredo, solo habían transcurrido no mas de 5 minutos.
Como Alfredo circulaba muy seguido por esos rumbos, días después quiso pasar a la casa de la anciana para llevarle una caja de chocolates como agradecimiento por su amabilidad, pero para su sorpresa, la casa no estaba... Encontraron la tienda y el taller mecánico, pero la casa parecía que nunca hubiera existido.
Una noche, como a las 21 hrs., el auto se calentó y se detuvo en una solitaria calle que se encuentra entre la Ave. Mixcoac y Barranca del Muerto, al sur de la Ciudad de México. Alfredo se bajo del auto y le dijo a su novia que lo esperara un poco, que iba a pedir ayuda... Justo frente al lugar donde estaban, había una casa con la fachada muy particular, pues se veía muy antigua y tenia en la parte superior, unas ventanas redondas, en forma de “boyas”, como las que tienen los barcos. Al lado había una tienda de abarrotes con un letrero metálico de “Pepsi” y justo enfrente, había un taller mecánico con la palabra “Bardahl” pintada en el portón negro.
En la puerta se encontraba una anciana (cosa rara porque la calle estaba obscura), quien le pregunto si necesitaba algo y Alfredo le dijo que solo un poco de agua para el radiador del auto. La anciana lo hizo pasar y en la sala, logro ver a 3 personas mas, agachadas sobre una mesa, como jugando cartas: Un viejo, una mujer joven y una niña, quienes extrañamente nunca voltearon a verlo o saludarlo... Acompañado de la anciana caminaron hasta la cocina y ahí lleno un recipiente con agua. De regreso, se despidió de las personas que jugaban, pero tampoco le hicieron caso, de hecho, seguían en la misma posición, como si nunca se hubieran movido.
Cuando regreso con Silvia, la encontró molesta y preocupada, pues dijo que se había tardado casi una hora... Pero curiosamente en el reloj de Alfredo, solo habían transcurrido no mas de 5 minutos.
Como Alfredo circulaba muy seguido por esos rumbos, días después quiso pasar a la casa de la anciana para llevarle una caja de chocolates como agradecimiento por su amabilidad, pero para su sorpresa, la casa no estaba... Encontraron la tienda y el taller mecánico, pero la casa parecía que nunca hubiera existido.