Tony
30-06-2004, 03:07 PM
Un amigo me envio esto desde Mexico y quiero saber sus opiniones de cuan real es este dia tipico.. Gracias por tus cooperacion
UN DIA TIPICO
Un día en la vida de un mexicano “típico”:
“ Suena su despertador, se levanta, desayuna cereal, toma un baño, se
viste,
sube a su coche, llega a la oficina o escuela, sale de nuevo en su
coche y come
en un restaurante, después va al cine y en la noche (como es viernes)
llega al
antro y regresa a su casa a las cuatro de la mañana.
Suena bastante típico, ¿no? En un día así de típico, uno puede gastar
unos 400
ó 500 pesos (o más). Pero hay que hacer una aclaración: no es “típico”
para más
de 50 millones de mexicanos tener ni siquiera 41 pesos al día en la
bolsa, ni
es “típico” para 70 por ciento de la población tener un coche, agua
(diario),
ir a la escuela y mucho menos ir a un antro (eso es impensable). Y no
es sólo
una problemática rural, ya que en las ciudades un porcentaje altísimo
de la
población, vive en condición de pobreza.
Así que, si conocen a alguien que viva un día como el del principio del
artículo, pueden decir que es un privilegiado miembro del 20 por ciento
de la
población mexicana que tiene esas ventajas, pero no es de ninguna
manera
típico.
Ahora sí, ahí les va lo que hace un mexicano típico en su vida: nace en
su casa
de madera y suelo de tierra, tiene tres hermanos y una mamá de apenas
20 años,
que todo el día se la pasa haciendo tortillas o ayudando en el campo.
Su papá
toma mucho, pero no por eso deja de trabajar como burro de sol a sol en
el
campo, para cultivar (lo que sea) y que le paguen una miseria (cinco
pesos por
un kilo de café, por ejemplo).
Probablemente el niño irá a primaria, y tal vez a una tele-secundaria
(no son
tan divertidas como suenan, son más bien funestas) y al terminar, se
irá a
Estados Unidos (pagando 14 mil pesos por el viaje, obviamente a
crédito) y
arriesgando su vida. Irá dos o tres veces a negrearse (en alguna
constructora o
restaurante de comida rápida) y regresará a su casa a los 27 años a
seguir
negreándose, ahora en el campo. Se casará con alguna jovencita de 16 ó
17 y
tendrá sus hijos en su casa de madera y suelo de tierra.
¿Qué? ¿Y el coche no existe en su vida? Ojalá fuera el coche lo
importante, con
decir que toda la familia duerme en la misma “cama” (llámesele así a
unos
tablones con cobijas). Pero esta gente por lo general, es mucho más
generosa
que los que tienen sábanas de seda.
Cada vez que he ido a estas poblaciones, ha sido con grupos de jóvenes
de las
Mega Misiones. Casi todos duermen en sus casas con sábanas de seda, y
absolutamente todos se sorprenden al ver que en medio de la pobreza, la
gente
les da lo poco que tiene.
Los misioneros llegamos a una casa, escuelita u oficina delegacional
del pueblo
(probablemente las únicas construcciones de cemento) y ahí nos quedamos
a
dormir. La comida nos la da la gente del pueblo, gustosa y
generosamente.
Nosotros les llevamos a cambio dos cosas que nunca deben olvidar
aquellas
personas: la fe y la esperanza. La fe es necesaria para creer, la
esperanza
para creer en el futuro, aunque se vea siniestro, y para ellos, muchas
veces lo
sea.”
Autor: Diego Planas
UN DIA TIPICO
Un día en la vida de un mexicano “típico”:
“ Suena su despertador, se levanta, desayuna cereal, toma un baño, se
viste,
sube a su coche, llega a la oficina o escuela, sale de nuevo en su
coche y come
en un restaurante, después va al cine y en la noche (como es viernes)
llega al
antro y regresa a su casa a las cuatro de la mañana.
Suena bastante típico, ¿no? En un día así de típico, uno puede gastar
unos 400
ó 500 pesos (o más). Pero hay que hacer una aclaración: no es “típico”
para más
de 50 millones de mexicanos tener ni siquiera 41 pesos al día en la
bolsa, ni
es “típico” para 70 por ciento de la población tener un coche, agua
(diario),
ir a la escuela y mucho menos ir a un antro (eso es impensable). Y no
es sólo
una problemática rural, ya que en las ciudades un porcentaje altísimo
de la
población, vive en condición de pobreza.
Así que, si conocen a alguien que viva un día como el del principio del
artículo, pueden decir que es un privilegiado miembro del 20 por ciento
de la
población mexicana que tiene esas ventajas, pero no es de ninguna
manera
típico.
Ahora sí, ahí les va lo que hace un mexicano típico en su vida: nace en
su casa
de madera y suelo de tierra, tiene tres hermanos y una mamá de apenas
20 años,
que todo el día se la pasa haciendo tortillas o ayudando en el campo.
Su papá
toma mucho, pero no por eso deja de trabajar como burro de sol a sol en
el
campo, para cultivar (lo que sea) y que le paguen una miseria (cinco
pesos por
un kilo de café, por ejemplo).
Probablemente el niño irá a primaria, y tal vez a una tele-secundaria
(no son
tan divertidas como suenan, son más bien funestas) y al terminar, se
irá a
Estados Unidos (pagando 14 mil pesos por el viaje, obviamente a
crédito) y
arriesgando su vida. Irá dos o tres veces a negrearse (en alguna
constructora o
restaurante de comida rápida) y regresará a su casa a los 27 años a
seguir
negreándose, ahora en el campo. Se casará con alguna jovencita de 16 ó
17 y
tendrá sus hijos en su casa de madera y suelo de tierra.
¿Qué? ¿Y el coche no existe en su vida? Ojalá fuera el coche lo
importante, con
decir que toda la familia duerme en la misma “cama” (llámesele así a
unos
tablones con cobijas). Pero esta gente por lo general, es mucho más
generosa
que los que tienen sábanas de seda.
Cada vez que he ido a estas poblaciones, ha sido con grupos de jóvenes
de las
Mega Misiones. Casi todos duermen en sus casas con sábanas de seda, y
absolutamente todos se sorprenden al ver que en medio de la pobreza, la
gente
les da lo poco que tiene.
Los misioneros llegamos a una casa, escuelita u oficina delegacional
del pueblo
(probablemente las únicas construcciones de cemento) y ahí nos quedamos
a
dormir. La comida nos la da la gente del pueblo, gustosa y
generosamente.
Nosotros les llevamos a cambio dos cosas que nunca deben olvidar
aquellas
personas: la fe y la esperanza. La fe es necesaria para creer, la
esperanza
para creer en el futuro, aunque se vea siniestro, y para ellos, muchas
veces lo
sea.”
Autor: Diego Planas