Lady_Vampire_XVIII
25-06-2004, 04:38 PM
Entre todos los asistentes había una persona muy especial:
Yo.
Como desde que había llegado de Hongria con la reina Violant, para que se casara con el rey Jaume, ya me había saciado con la sangre de mi víctima mortal.
Antes de que Gabrielle me tomara como hija obscura yo ya tenía una sensualidad sobrenatural. Les leyes decían que se había de escoger a criaturas bellas para que la ofensa a Dios fuese mas grave. Cuando me di cuenta que Gabrielle no seguía las normas ni había pertenecido a ninguna asamblea que las forjara ni había Dios al que ofender ni Satán a quién ofrendar supe que me escogió porque me amaba, cosa que demostró en el siglo siguiente a mi creación. Antes de desaparecer pera siempre.
Soy Isabela, aunque me suelen llamar “la musa negra” y debo de tener unos tres-cientos años mas o menos. Vivo en Valencia hace bastante pero pasé el siglo dieciocho en París. Tengo una cara fina y angulosa de pómulos bien marcados y boca carnosa y lasciva donde oculte mis mortales incisivos. Mas arriba, bajo los rizos castaños que me caen a la cara hay dos grandes ojos almendrados de un violeta reflectante. De cuerpo esbelto y alto soy la misma reencarnación de la muerte de seda.
Me sentaba en el palco de honor del teatro principal de Valencia donde todo imitaba el siglo dieciocho. Creo que fue la mejor época para los de mi especie. París, el mejor escenario donde surgió la imagen de vampiro actual. Espectros blancos enfundados en capas de terciopelo negras y vestidos con magníficos bordados.
La vi era la mortal de quién me había enamorado perdidamente al verla por las calles, y la había estado siguiendo des de entonces.
La función comenzó, pero yo solo miraba aquella mortal de cabellos negros y largos que me recordaba a Gabrielle. Deseé hacerla nacer a mi lado eterna e inalterable. Pero era imposible. Un crimen peligroso encerrar una alma tan joven. Pero el olor de sangre me invadía, y sentí la excitación de antes de beber.
Al finalizar la función la seguí durante un cuarto de hora hasta que se paró en una calle negra sin salida. Me extrañaba del recorrido que había tomado, no era el habitual. De nuevo el olor de la sangre inocente. De repente, giró sobre los talones.
—Sal! Sal de donde sea que estés!—dijo.
Silencio.
—No te hagas el sordo! Sé que estás ahí, sal si no eres cobarde.
Había sentido mi presencia? Baje al suelo de un salto sin ningún sonido y me dejé entrever a la luz de la luna. En su cara vi la estupefacción y retrocedió. El olor de la sangre entremezclada con el miedo. Me acerqué casi como flotando en el aire y la cogí del brazo. Hacerla inmortal?
—No quiero morir—dijo.
Pero era tarde. Descubrí los incisivos y ella dejó ir un gemido ahogado cuando besé la arteria. Paladeé como nunca el éxtasis de la sangre incluso teniendo que arrodillarme, las piernas me temblaban. Al sentir el su corazón deteniéndose dejé el cadáver en el suelo secándome las lágrimas de sangre. Después de cerrarle los ojos me fundí en la noche dejando allí en el suelo:
El último amor de Isabela. :crz_129:
Yo.
Como desde que había llegado de Hongria con la reina Violant, para que se casara con el rey Jaume, ya me había saciado con la sangre de mi víctima mortal.
Antes de que Gabrielle me tomara como hija obscura yo ya tenía una sensualidad sobrenatural. Les leyes decían que se había de escoger a criaturas bellas para que la ofensa a Dios fuese mas grave. Cuando me di cuenta que Gabrielle no seguía las normas ni había pertenecido a ninguna asamblea que las forjara ni había Dios al que ofender ni Satán a quién ofrendar supe que me escogió porque me amaba, cosa que demostró en el siglo siguiente a mi creación. Antes de desaparecer pera siempre.
Soy Isabela, aunque me suelen llamar “la musa negra” y debo de tener unos tres-cientos años mas o menos. Vivo en Valencia hace bastante pero pasé el siglo dieciocho en París. Tengo una cara fina y angulosa de pómulos bien marcados y boca carnosa y lasciva donde oculte mis mortales incisivos. Mas arriba, bajo los rizos castaños que me caen a la cara hay dos grandes ojos almendrados de un violeta reflectante. De cuerpo esbelto y alto soy la misma reencarnación de la muerte de seda.
Me sentaba en el palco de honor del teatro principal de Valencia donde todo imitaba el siglo dieciocho. Creo que fue la mejor época para los de mi especie. París, el mejor escenario donde surgió la imagen de vampiro actual. Espectros blancos enfundados en capas de terciopelo negras y vestidos con magníficos bordados.
La vi era la mortal de quién me había enamorado perdidamente al verla por las calles, y la había estado siguiendo des de entonces.
La función comenzó, pero yo solo miraba aquella mortal de cabellos negros y largos que me recordaba a Gabrielle. Deseé hacerla nacer a mi lado eterna e inalterable. Pero era imposible. Un crimen peligroso encerrar una alma tan joven. Pero el olor de sangre me invadía, y sentí la excitación de antes de beber.
Al finalizar la función la seguí durante un cuarto de hora hasta que se paró en una calle negra sin salida. Me extrañaba del recorrido que había tomado, no era el habitual. De nuevo el olor de la sangre inocente. De repente, giró sobre los talones.
—Sal! Sal de donde sea que estés!—dijo.
Silencio.
—No te hagas el sordo! Sé que estás ahí, sal si no eres cobarde.
Había sentido mi presencia? Baje al suelo de un salto sin ningún sonido y me dejé entrever a la luz de la luna. En su cara vi la estupefacción y retrocedió. El olor de la sangre entremezclada con el miedo. Me acerqué casi como flotando en el aire y la cogí del brazo. Hacerla inmortal?
—No quiero morir—dijo.
Pero era tarde. Descubrí los incisivos y ella dejó ir un gemido ahogado cuando besé la arteria. Paladeé como nunca el éxtasis de la sangre incluso teniendo que arrodillarme, las piernas me temblaban. Al sentir el su corazón deteniéndose dejé el cadáver en el suelo secándome las lágrimas de sangre. Después de cerrarle los ojos me fundí en la noche dejando allí en el suelo:
El último amor de Isabela. :crz_129: